El enojo en evolución
Esta semana en el espacio quincenal del grupo de Legado negado, tuvimos una sesión bastante particular, esto porque en la dinámica del chat surgió el tema del enojo y hubo muchos comentarios al respecto, entonces decidí invitar a tres compañeras del grupo para ampliar aunque sea un poquito sobre este asunto que nos detona memorias, reflexiones, emociones y el deseo de hablar de lo que poco se habla.
Por ello, voy a aportar algunas de las reflexiones que se plasmaron, pero es necesario introducir que este asunto nos atraviesa como mujeres, como sociedades, en la historia, bioquímica y espiritualmente, por ello, no se agota sino que se expande.
¿Las emociones tienen género?
Parte de lo que somos, es que somos seres emocionales, existe una placa base en nuestra naturaleza mamífera que contiene un crisol de estados emocionales, solo que esto deja de ser un asunto neutral “biológico” cuando le introducimos el componente llamado sociedad, ya que en la pecera simbólica de lo social, respiramos códigos de comportamiento aprendidos, parte importante de dicho aprendizaje se desarrolla en lo que se asocia a “mujer” y “hombre”.
Hablando exclusivamente de las sociedades nacidas del pensamiento moderno (porque existen miles de otras perspectivas culturales) se educa por género desde un esquema emocional diferenciado, por ejemplo si se es mujer no es apropiado expresar el enojo, pero es mejor asimilado si lo hacen los hombres ya que se justifica. Una amiga querida tiene un hijo en edad escolar y él suele expresar mucha ternura y cariño, ella me comenta como esto genera preocupación en adultos, ya que este tipo de comportamiento emocional suele ser más “apropiado” para las mujeres.
Este es el meollo del asunto. ¿Cuáles emociones son aceptadas según el género? y cómo esto repercute en el desarrollo del amplio espectro que podemos permitirnos ser, y que en esa vivencia podamos conocer el mundo desde esos estados emocionales con libertad.
El enojo como forma de recuperación
Si pudieras ver desde fuera alguna vez que te has enojado ¿Qué observas? ¿Dónde se siente? ¿Cómo se siente? ¿Qué tipo de registro tienes sobre estos eventos en tu vida?.
La información que procede de este ejercicio aporta autoconciencia sobre las formas y las raíces que sostienen al enojo como emoción corporizada. Cuando nos permitimos expresar el enojo, se marca un punto de quiebre acerca de lo que se permite y lo que no.
Ahora, el NO. ¿Qué pasa cuándo no se respeta el no? ¿Qué pasa cuando se rompen todos los límites de autocuidado que hemos construido? Violentar esos límites, esos no, conlleva un peligroso margen de que ante la violencia, ¿la misma violencia sea una forma de autodefensa?.
La cultura de la violencia y la cultura en la violencia
Lo que aprendimos en el hogar como aquellas formas “validas” “aceptadas” “normalizadas” inclusive “necesarias” para ser y actuar en la vida, forman parte de la cultura familiar. Lo que aprendemos al estar sumergidas en discursos e identidades nacionalistas correspondientes a cada país o región, forman parte de lo que aprendemos como “posible” “apropiado” “comportamiento esperado” “normalizado”.
Respiramos la cultura, nos amamantamos del lenguaje, las tradiciones, las prácticas cotidianas y somos un reflejo de todo ello.
Ahora, cuando la sociedad ha naturalizado la violencia como resultado de condiciones estructurales donde se ha instaurado la exclusión, la desigualdad, la injusticia que se pueden ver claramente en la pobreza, el sexismo, el racismo, el genocidio, los feminicidios, la persecución y toda forma en la que unos imponen la “ley” de los poderosos sobre cuerpos vulnerados, cabe preguntarse, ¿Cómo podemos des-naturalizar todo este programa social dentro y fuera nuestro?.
Enojo Agresividad Violencia
Al desarrollar nuestra vida en sociedades que reproducen múltiples violencias, tendemos a homologar el enojo, la agresividad y la violencia, a verles como sinónimos. Habrá que hilar muy fino dentro nuestro para entender cómo es que concebimos estos términos, si para nosotras tienen el mismo sentido o no.
En el grupo existen múltiples puntos de vista al respecto, y esto es sumamente valioso, ya que no tenemos que pensar de la misma forma, disentir es vital en la evolución de la conciencia.
Voy a anotar como lo entiendo yo, pero no es absoluto, es una perspectiva más. El enojo como emoción forma parte de esa expresión bio-cultural que somos, la agresividad es una fuerza instintiva de autodefensa o defensa de lo que amamos y violencia como acto físico, simbólico o estructural que hiere, degrada o elimina a un otro con motivo de imponer el poder.
Las emociones como alimento
Poniéndome un poco más densa, las emociones pueden ser un alimento para el camino de nuestra alma por este mundo, ya que son una fuente importante de autoconocimiento, además las emociones así como nosotras van mutando conforme a las etapas de la vida, si vamos creciendo y madurando, ellas también maduran y nos aportan. El enojo por ejemplo nos puede liberar de situaciones opresivas o limitantes.
Por otro lado, cuentan los que cuentan, que somos una especie parasitada por otra especie, así como las epifitas se alimentan de los árboles, y lo que alimenta a los parásitos son las emociones ya que irradian mucha energía, entre más intensamente experimentamos emociones, más energía emanan y por ello, no es casual vivir en sociedades que precisamente estimulan muchas emociones en la humanidad.
Y si sólo lo podemos ver interespecie, pues las clases de los ricos y poderosos, se alimentan energética y materialmente de los que someten.
Final sin final
Bueno, no espero agotar la reflexión ni dar alguna respuesta acabada, sólo espero recopilar reflexiones compartidas desde mi punto de vista, así que por favor comparte tus reflexiones en los comentarios para seguir ampliando, cuestionando, aportando ideas, experiencias o más inquietudes al respecto.
Gracias por leer y comentar, así todas nos seguimos nutriendo.
Lau
